El bramido que resuena en los bosques del Val d’Aran cada otoño no es un sonido casual: es una herramienta de comunicación muy precisa, con un propósito biológico concreto detrás de cada repetición.

El bramido, una tarjeta de presentación sonora

Durante la berrea, los machos de ciervo emiten bramidos repetidos que cumplen una doble función: marcar el territorio frente a otros machos y anunciar su disposición a formar o defender un harén de hembras. El tono y la frecuencia del bramido dan pistas sobre el tamaño y la fuerza del animal que lo emite, lo que permite a otros machos valorar si merece la pena o no un enfrentamiento directo, antes incluso de llegar a verse.

Cuando el sonido no basta: las peleas

Cuando dos machos de fuerza similar coinciden por un mismo harén, el bramido puede no ser suficiente para disuadir al rival. Es entonces cuando se producen los enfrentamientos físicos: las cornamentas se traban y ambos animales empujan en una prueba de resistencia, casi siempre sin daños graves, hasta que uno de los dos cede y se retira.

Ciervo macho bramando entre la niebla del bosque El bramido llega antes que la imagen del ciervo: una señal sonora que anuncia tamaño y disposición a defender el territorio.

Por qué al amanecer y al atardecer

La actividad de bramido y observación se concentra en las horas de menos luz, coincidiendo con los momentos de mayor actividad de los ciervos, que descansan y se resguardan durante las horas centrales del día. Es también el motivo por el que las salidas guiadas de observación se organizan al amanecer o al atardecer, y no a mediodía.

Por qué hay que mantener las distancias

La berrea es un momento de alta tensión hormonal y física para los ciervos: cualquier alteración externa puede interrumpir un cortejo, provocar una huida innecesaria o, en el peor de los casos, desencadenar una reacción defensiva. Por eso las salidas guiadas se plantean siempre desde puntos de observación seleccionados, con silencio y sin interferir en el comportamiento natural de los animales.

Una temporada de celo breve, con mucho en juego

La berrea concentra en apenas unas semanas de otoño todo el esfuerzo reproductivo del año para un macho de ciervo, que puede perder hasta una quinta parte de su peso corporal durante el celo, entre el desgaste de los bramidos, las peleas y la vigilancia constante del harén, sin apenas tiempo para alimentarse con normalidad. Esa intensidad explica por qué los machos llegan a la primavera siguiente en un estado físico mucho más débil que las hembras, que no sufren ese mismo desgaste.

Fuentes consultadas: revistajaraysedal.es (biología del celo del ciervo, pérdida de peso corporal de los machos durante la berrea y dinámica de las peleas por el harén).

FAQ

¿Por qué braman los ciervos en otoño?

Es una señal territorial y reproductiva: el bramido anuncia tamaño y fuerza a otros machos, y forma parte del cortejo hacia las hembras durante el celo (la berrea).

¿Las peleas entre ciervos son peligrosas?

Pueden serlo, pero la mayoría se resuelven con un empuje de cornamentas hasta que uno de los machos se retira, sin llegar a heridas graves en la mayoría de los casos.

¿Por qué la observación se hace al amanecer o al atardecer?

Porque coincide con los momentos de mayor actividad de los ciervos, que descansan durante las horas centrales del día.